
Donostia-San Sebastián es una ciudad interesante, antigua y moderna, deslumbrante ante el visitante. Su increíble entorno, rodeado de mar y montaña y atravesado por el río Urumea, lo convierten en una gran obra del urbanismo, un ejemplo de cómo se han de trazar las calles de forma regular. Se trata de calles que son flanqueadas tanto por las casas más antiguas, señoriales, como por la arquitectura más moderna.
Podemos comenzar un paseo para ver este contraste desde la catedral del Buen Pastor. Los 75 metros de altura de su impresionante torre neogótica la hacen fácil de encontrar e increíble de fotografiar. Detrás de la catedral podremos ver el Centro Cultural Koldo Mitxelena, lugar de referencia para novedades literarias y artísticas.
Desde aquí podemos acercarnos, a través de la plaza de Bilbao, hacia el río Urumea. Podemos observar el río desde el puente de María Cristina, un puente muy decorado y desde el cual podremos acceder al paseo de Francia, ya en la otra orilla. Podemos ir desde aquí hasta otro puente, el de Santa Catalina, desde donde accederemos hasta la Avenida de la Libertad, una gran calle señorial y centro financiero de Donostia.
Si doblamos por la calle Txurruka, peatonal, podremos ir hasta la plaza Guipúzcoa, una bonita plaza con jardines y soportales donde se encuentra el palacio de la Diputación Foral de Guipúzcoa. Aquí podremos buscar el monumento al músico Usandizaga, escondido en el verdor. Cerca se encuentran también los jardines de Okendo, flanqueado por dos edificios de comienzos del siglo XIX, es decir, del Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia.
Cruzaremos el Urumea de nuevo por el puente de la Zurriola, desde donde ya se vislumbra el Palacio Kursaal, diseñado por Rafael Moreno y el referente de la arquitectura moderna en San Sebastián gracias a sus 10.000 paneles de cristal.
Desde aquí podemos volver hacia el Boulevard, concurrido eje que divide por un lado el ensanche y por otro la Parte Vieja. Aquí ya el paseo toma un carácter libre. La parte vieja de Donostia es como todas las partes viejas vascas, una invitación a perderse, a respirar, a taparse los ojos, a oler, a volver a abrir los ojos y a observar los alrededores, de color marrón y lleno de edificios típicos del lugar y monumentos de gran valor patrimonial.
Foto Vía: M@X::